lunes, octubre 15

de la canilla

En tu bulín de ermitaño
aun te sigue faltando
la bombachita colgando
de la canilla del baño.
Llevás demasiados años
sacándole el cuerpo al bulto
con argumentos profundos
dignos de un Dalai Lama
y aun seguís con la cama
tan fría como un difunto.

Cuando sos interrogado
sobre tu estado civil
no sabés lo que decir,
si soltero o divorciado.
Los viernes, día sagrado,
salís a romper la noche,
diez litros de nafta el coche
y una vuelta por las canchas
a ver lo que se levanta
para poner digno broche.

Galán de perfil mediano,
que te hacés el "centrojás"
cuando al mostrador llegás
con tu paso de verano.
Lo que vos soñás hermano
es difícil de encontrar.
Sé que es brava de bancar
la soledad del domingo
y que el fútbol y los pingos
comienzan a no alcanzar.

Es verdad que los amigos
son lo más grande del mundo
y también que en lo profundo
de tu alma estás conmigo.
Escuchá lo que te digo,
metételo en la cabeza:
no se borra esa tristeza
subiéndote a cualquier tren,
te hace falta una mujer
en lugar de mil princesas.

No pienses que es un consejo,
qué te voy a enseñar yo,
si yo estoy mucho peor que vos,
mis recuerdos son añejos.
Buscá de frente al espejo,
en el botiquín del baño,
el frasco del desengaño
ya no tiene más pastillas,
jugate a hacer la sencilla
que este puede ser tu año.

Besala como sabés,
regalate la poesía
de vivir en compañia
de la mujer que querés.
Convencete que podés,
no te vayas a Sevilla
que vas a perder la silla
y la alegría más bonita
de encontrar la bombachita
colgando de la canilla.

De la canilla
Letra: Raul Castro
Música: Jaime Roos

lunes, octubre 8

supermercado

El lunes pasado salí del taller de canto a las 8 y media de la noche y crucé al supermercado que está enfrente. Hacía días que no pasaba por uno, lo que producía una soledad casi absoluta al medio limón y al tomate que esperaban en la heladera. Agarré un canasto, me parecía que un carrito era demasiado para lo que iba a llevar, y comencé la recorrida/ritual de pasar por todas las góndolas, incluso la de herramientas y componentes eléctricos aunque ya sabía previamente que no elegiría nada de allí.

Entre las frutas me encontré con un compañero de escuela que dos por tres me lo cruzo en la calle. Entre el comentario del precio de las papas hablamos de dónde estábamos viviendo, en qué trabajábamos y si teníamos hijos o no. Nos despedimos, yo pensando que estaba mucho más gordo que la última vez que lo vi, él no sé.

Cargué las mandarinas, la leche descremada, el pan y en la cola de la fiambrería, mientras esperaba que llamaran al 48 miré a mi alrededor. Todos los que ahí nos encontrábamos teníamos un canasto en la mano, no un carrito, la edad promedio era treinta y pico y estábamos comprando cosas para uno solo. Volvíamos de trabajar y de nuestras actividades cotidianas hacia nuestras casas y tuvimos que pasar por el súper antes de llegar, sino la cena sería pizza del bar de abajo.

Unos días antes una amiga se preguntaba dónde era el lugar para conocer una posible pareja si en el ámbito de trabajo y estudio la mayoría son mujeres (y teniendo en cuenta que ella es heterosexual).

Creo que le recomendaré que salga de compras alrededor de las 9 de la noche y compre 200 gramos de jamón.